Pluralismos y nuevos puntos de equilibrio
Hugo Moldiz Mercado
La ampliación de la democracia, que trasciende los reconocimientos formales y los procedimientos, solo es posible si tiene como objetivo un proceso de igualación social sustantiva. No es posible hablar de democracia si el resultado de su ejercicio es la profundización de la desigualdad social, la exclusión y la vigencia de distintas formas de enajenación. La democracia —como expresión de una determinada forma de gobierno— es para producir igualdad y libertad, no para cancelarlas.
Pero tampoco será posible pensar y hacer democracia en formaciones sociales abigarradas como la boliviana si no existe el reconocimiento de distintas formas de hacer política, economía, cultura y otros aspectos de la compleja realidad. Es decir, poco o nada se habrá avanzado en la construcción de sociedades más democráticas si no hay la aceptación de que existen —como diría el cientista Luís Tapia—, varios campos políticos y no uno solo. Pero también la aceptación de que existen distintos campos económicos y culturales.
La ampliación de la democracia requiere, para no quedarse en la superestructura a la que muchos la condenan cuando separan sistema político de economía, una articulación —que ciertamente será compleja, con tensiones y temporalidades distintas— entre la economía y la política, entre la política y la cultura y entre todas ellas. No puede hablarse de democracia con brechas entre ricos y pobres, como tampoco entre una cultura que se presenta como superior frente a otras.
Esta ampliación de la democracia también exige la articulación entre la igualdad y la libertad, pero no desde la perspectiva del capital sino desde el trabajo y la humanidad. No hay libertad plena para todos cuando su ejercicio se basa sobre las desigualdades sociales.
Otro aspecto central es la consideración de las temporalidades. El tiempo que demanda la economía no es el mismo que requiere la política, pero tampoco es lo mismo en términos de tiempo lo que demanda la economía estatal, la economía privada y la economía comunitaria. Cada una de estas economías tiene tiempos distintos. Lo mismo sucede con las distintas formas de democracia que se han incorporado, por ejemplo, en la nueva Constitución Política del Estado en Bolivia. Los tiempos de la democracia representativa difieren de los tiempos de la democracia deliberativa, directa y comunitaria.
Por lo tanto, estas distintas formas de concebir la democracia, la relación entre lo individual y lo colectivo, entre las relaciones sociales y la naturaleza, entre el votar cada cierta cantidad de años para elegir autoridades y deliberar y decidir como acto colectivo no liberal, pasa por la necesidad de reconocer "las pluralidades".
Entonces, al hacer esto, se logra una primera articulación entre democracia y pluralidades. Ambas no son posibles si no trascienden los enfoques estrictamente institucionales. Es decir, no hay democracia y pluralismos por el solo hecho de que existan varios partidos, sindicatos o instituciones que se mueven en el campo político. Puede ocurrir perfectamente, como sucedió en dos décadas de neoliberalismo, que habían varios partidos pero con una ideología común. Ese multipartidismo no reflejaba el pluralismo vigente en la formación social boliviana y esas distintas formas de pensar la política, la economía y la cultura finalmente se fueron abriendo paso hasta poner en marcha un proceso constituyente que no ha terminado aún.
Lo mismo puede decirse en la relación democracia, pluralismos y economía. La ampliación de las desigualdades derivadas de la aplicación del neoliberalismo, la afectación al mundo del trabajo y la separación entre sociedad política y sociedad civil, implicaban la expresión de una manera de concebir y hacer las cosas. Es decir, ver todo desde la óptica del capital.
Pero reconocer "pluralismos" implica también reconocer que se van a desarrollar en dos niveles. Uno, en el propio, haciendo ajustes, corrigiendo errores, redefiendo conceptos y prácticas. Es decir, renovando sus propias identidades. El otro nivel es donde distintos campos se cruzan, provocando tensiones, contradicciones y resoluciones. Es ahí donde van emergiendo los nuevos puntos de equilibrio.
"Pluralismos" no quiere decir que cada uno de los campos se desarrolla de manera independiente y con autonomía absoluta. Todo lo contrario, implica que se construyen espacios comunes pero donde ciertas lógicas de cada uno de los campos se disputan el predominio o la hegemonía. El predominio de la propiedad privada sobre las otras formas de organizar la producción, distribución y consumo da como resultado algo distinto cuando el predominio es más bien del capitalismo de Estado, pero también el resultado será distinto si el predominio es una manera distinta de gestionar la economía y la política a partir de la ecuación cada vez menos estado, cada vez más comunidad o sociedad.
A la inversa, el pluralismo deja de existir si hay el desconocimiento de otras historias, sentidos y construcciones. Pero, al mismo tiempo no conduce a nada si esos pluralismos no están acompañados de nuevos puntos de equilibrio. Lo primero conduce a la imposición, al pensamiento único y a la reproducción de la colonialidad. Lo segundo es idealismo puro, que no es otra cosa que un "esencialismo idealista".
De ahí el desafío de entender que Bolivia está atravesando un proceso de transición, que tiene una Constitución Política del Estado para esa transición. El texto constitucional expresa esos pluralismos. Lo que ahora está en juego, luego de haberse dejado atrás ese Estado monocultural, es el lugar de cada uno de esos campos y, por tanto, es la definición —teórica y práctica— de los nuevos equilibrios.
La forma en la que se vayan resolviendo esas tensiones y contradicciones será decisiva para determinar, a partir de la tendencia general, si el horizonte es socialista o capitalista, lo cual nuevamente pondrá en juego la construcción de procesos de democratización, igualación social y libertad plena para todos o la cancelación de cada uno de ellos. Una sociedad en la que el predominio es del capital cancela libertades e igualdad. Una sociedad organizada más allá del capital tiene condiciones de posibilidad para alcanzar la igualdad de derechos y oportunidades para todos, así como la conquista de la plena libertad.
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